-¿Qué hace ese tío ahí
con el trípode y la cámara sin hacer nada?, lleva más de media hora en esa
esquina parado, de pie, viendo las nubes pasar.
Sin hacer nada, dicen. Dicen los que, como las nubes, pasan
de largo, cuando en realidad sí que hago algo: ¡espero!.
Espero ese momento mágico en el que el sol, un rayo suyo, uno
sólo, sale por el resquicio de unas nubes, antes oscuras, macizas y densas, y
ahora deshilachadas en flecos caprichosos. Espero. Simplemente, pacientemente. Espero
mi recompensa.
De pronto el hueco se abre, el rayo penetra y me ilumina la
escena. Las prisas se suceden, pues quizás mi luz sólo dure dos, tres, cinco
segundos antes de que el velo se cierre y una sombra plana envuelva de nuevo el
lugar. Sin tiempo para medir la cambiante intensidad de la luz, disparo varios
fotogramas a distintas velocidades y aseguro la foto. Con suerte, si el claro
en el cielo dura unos minutos, me da tiempo a correr apresuradamente hasta un
nuevo emplazamiento -ya estudiado previamente- para encuadrar de forma distinta
el mismo rincón. Así hasta que el nubarrón se cierra definitivamente. Si has “exprimido”
el lugar, te marchas a buscar el siguiente escenario. De lo contrario, sigues esperando.
Y esperas mientras la gente sigue pasando extrañada:
-¿Pero qué hace ese?,
parece que esté viendo las nubes pasar.
Canon EOS 7D. Objetivo EF 24-70 / 2.8 L USM. F/10 - 1/80 sg. 100 ISO. Manual
Castillo de Alburquerque, Badajoz. Extremadura, España.
Canon EOS 7D. Objetivo EF 24-70 / 2.8 L USM. F/14 - 1/40 sg. 100 ISO. Manual
Coria, Cáceres, Extremadura, España.
Canon EOS 7D. Objetivo EF 24-70 / 2.8 L USM. F/13 - 1/60 sg. 100 ISO. Manual
Granadilla, Cáceres, Extremadura. España.
Canon EOS 7D. Objetivo EF 24-70 / 2.8 L USM. F/11 - 1/40 sg. 100 ISO. Manual
Ermita de San Frutos, Parque Natural de las Hoces del Duratón, Segovia, Castilla y León, España.
Canon EOS 7D. Objetivo EF 17-40 / 2.8 L USM. F/8 - 1/100 sg. 100 ISO. Manual
Pedraza, Segovia, Castilla y León, España.
Canon EOS 7D. Objetivo EF 17-40 / 2.8 L USM. F/8 - 1/160 sg. 100 ISO. Manual
Las fotos que acompañan esta entrada están obtenidas a lo largo de dos viajes realizados durante el presente mes de abril. Dos salidas en las que el paso de diversas borrascas han encapotado y oscurecido el cielo, además de humedecido algo nuestros campos. Algunos fotógrafos se desesperan al ver que el pronóstico del tiempo anuncia la llegada de un nuevo frente de bajas presiones cuando todavía no ha acabado de marcharse el anterior. Sin embargo, estos, generalmente cuando llegan o cuando se retiran, pueden representar la diferencia entre una fotografía normal, con un clásico cielo azul, y una bonita imagen, con una atmósfera especial, a veces extraordinaria, dramática. Por supuesto, estar en el lugar adecuado con una gran dosis de perseverancia no será siempre sinónimo de regresar a casa con una gran foto; pero habrá otras raras oportunidades en las que tu persistencia sí obtendrá su premio y tu instantánea tendrá un valor añadido. Esos días inestables de otoño o primavera, así como las tormentosas tardes estivales, son sin duda momentos clave en los que bien merece la pena colgarse la cámara al cuello, armarse con mucha, mucha paciencia, y caminar bajo el cielo encapotado en busca de un instante mágico. Quizás los hados te sean propicios y abran un claro en el oscuro nubarrón. Quizás incluso lo hagan a esa hora dulce en la que el declinar del sol calienta los colores del orto o del ocaso. Habrá merecido la pena y entonces obtendrás tu compensación.