Vivir es un tránsito, un camino en donde todos somos nómadas. Que la travesía merezca la pena, depende de ti.

31 de agosto de 2021

Savia nueva

Como cada primavera y verano muchos de nuestros protagonistas se muestran ante nuestros objetivos con la inocencia de su corta edad. Pajarillos desaliñados con plumajes que dejan entrever aún los restos de sus plumones infantiles, de colores generalmente más apagados y discretos que los de los adultos. Plumajes que les han servido para pasar desapercibidos en sus nidos ante las posibles miradas golosonas de quienes se alimentan de ellos.

Como ya observábamos en la librea de algunos de los rabilargos fotografiados hace unas semanas y que os presentábamos en otra entrada de este blog, estos herrerillos comunes (Cyanistes caeruleus), hermanos de una misma nidada probablemente, presentan también plumajes menos llamativos que los de sus progenitores, con colores amarillo y añil menos intensos, con sus cabecitas aún muy grises, en algunos casos ya punteadas con plumas de color azul, a veces incluso con restos del plumón que los mantuvo calientes en el interior del nido, y con sus caritas tiernas cubiertas de pequeñas plumas menos blancas que las definitivas de un adulto, como si tuvieran la cara sucia, sin lavar. Pequeños traviesos que revolotean inquietos como jugando con nuestro objetivo, como si nos estuvieran diciendo:

- A ver si me pillas.

Preciosos, equilibristas entrañables y cercanos herrerillos que pueblan, no solo bosques y sotos, sino también parques y jardines. Simpáticas bellezas en miniatura.





Como de costumbre en este blog, fotogramas completos, sin recortes ni re-encuadres. Hay que estar cerquita de verdad para jugar al "pilla pilla" con estas miniaturas emplumadas.

27 de agosto de 2021

¿Energías renovables ... responsables?


En los últimos tiempos estamos viendo cómo proliferan los aerogeneradores por nuestra geografía y cómo, poco a poco, iniciamos el deseable cambio de modelo energético hacia fuentes menos contaminantes y más sostenibles en el tiempo. Esta transformación debe ir necesariamente acompañada de una mayor eficiencia energética, tanto en la industria, como en la vida cotidiana, fomentando además el autoconsumo, en vez de penalizarlo como ya hizo incomprensible e indecentemente algún gobierno anterior. De poco sirve implementar modelos energéticos con estándares sostenibles si aquellos no van acompañados de una eficaz reducción del consumo de energía. El despilfarro de esta seguirá agravando la situación de emergencia climática que está viviendo el planeta, incluso si se trata de energías renovables. Ha llegado el momento de poner sobre la mesa un concepto que asusta a las grandes multinacionales y a toda la industria en general: "el decrecimiento". Debemos ..., no, ... debemos no, "tenemos" que consumir menos para que el planeta sea capaz de compensar nuestra irresponsable y abusiva explotación de sus recursos naturales. Esto implica que para que nuestro planeta tenga un futuro a corto o medio plazo necesariamente debemos cambiar nuestro estilo de vida, apostando radical y definitivamente por las energías renovables y, a la vez, combinándolo con el ahorro, no solo de dicha energía, sino de todas las materias primas en general. Claro que asusta a muchos eso de "ahorrar", porque significa reducir el consumo, porque apunta a producir menos, vender menos y ganar menos. Porque pone patas arriba la idea implantada a fuego en nuestra sociedad de que para ser feliz hay necesariamente que consumir. Que si no tienes, no eres. Que si no acumulas no te realizas. En definitiva, poner patas arriba la idea de que la base de la sociedad del bienestar es el consumismo sin freno, esa obsolescencia programada y aceptada de buen grado por el ciudadano, esclavo como está de la superficialidad social y del postureo. La proliferación de webs de segunda mano que incitan a vender para comprar nuevos artículos es un buen indicativo del nivel de banalidad a la que hemos llegado.

Vivimos en la sociedad del "Compra, compra, paga, paga, usa tu tarjeta hasta que te salgas llagas, compra, compra, paga, paga", como bien critica la canción de Bebe.

En esta tesitura nos encontramos actualmente, pero a perro sarnoso todo se le vuelven pulgas. Entonces, si aspiramos a cambiar los modelos energéticos y hasta la mentalidad miope del ser humano ante el exceso de consumo, alguno nos dirá:  -¿Y cuál es el problema respecto de la transformación energética que se está consolidando en nuestro país y que está multiplicando por muchos enteros los parques de energía eólica?, ¿no es eso, acaso, lo que necesitamos y por lo que habéis llorado durante años? El caso es que sí, ... pero ...


Con el ser humano siempre hay un pero. En este caso el pero es que los proyectos de energías renovables (parques eólicos, principalmente) en nuestro país no obedecen a criterios de sensibilidad ambiental, sino de vocación económica. -¡Joder, otra vez oponiendo la conservación al dinero!, dirá otro. Y tendrá toda la razón al hablar de confrontación, pero no del movimiento conservacionista ante el poder económico, sino de este último contra la custodia medioambiental. Porque resulta que las gigantescas y todopoderosas empresas energéticas no se han vuelto repentinamente "verdes" y ecologistas, ni se han colocado de modo alguno al lado de la conservación sino, como de costumbre, en frente de la sostenibilidad ambiental. Y esto ha sido así en muchos casos porque han destruido enclaves de altísimo valor ambiental. Porque a veces tienen la torticera costumbre de fragmentar grandes proyectos en varios más pequeños que puedan sortear los Estudios de Impacto Ambiental que de otra forma nunca superarían. O porque, por el contrario, si el impacto es grande en un punto muy concreto suman varios planes energéticos para que dicho impacto se vea diluido. O porque los realizan con una penosa información ambiental intencionadamente, sin observar la afectación que dichos proyectos pueden causar en la biodiversidad del lugar a lo largo de todo un año, con lo que flirtean los impactos reales que afectarían negativamente a especies migratorias o reproductoras, por ejemplo, según el caso. O porque, por supuesto, hacen uso de las siempre socorridas alternativas peores que abocan a las administraciones a aprobar las que previamente los grandes promotores esperan que sean aprobadas. O simplemente porque nunca observan la alternativa cero, la de no llevar a cabo el proyecto si el impacto medioambiental es elevado. Y qué podemos decir del seguimiento de la mortandad que pueden provocar los aerogeneradores en aves y murciélagos y que son llevados a cabo por las mismas empresas energéticas, siendo generalmente infravalorado -cuando no directamente silenciado- el alcance real del problema. 


Así no, señores, así no estamos cambiando a un modelo de energía sostenible, porque simplemente esa energía no puede calificarse de tal manera si para su producción se han destruido previamente espacios de gran biodiversidad y, en consecuencia, también a esta última. No podemos permitir que las energías renovables, tan deseables sin duda, se conviertan en otro factor añadido de impacto ambiental en nuestro planeta. Tampoco en nuestro país. El problema es que aunque estas energías sean teóricamente verdes, los propietarios de las grandes energéticas no lo son, solo son empresarios en busca de beneficios. Punto. En palabras de Ana Carricondo, de SEO/Birdlife, "La cantidad de proyectos que se quieren ubicar en zonas de valor ecológico es inaceptable e inexplicable. Es necesario reforzar la normativa ambiental para alejar la presión de las zonas de mayor interés para la biodiversidad. Eso implica que las administraciones públicas desarrollen mapas de sensibilidad ambiental, incluyendo con claridad zonas de exclusión".


Ana C. hace mención en su párrafo a la presentación que el MITECO hizo en diciembre de 2020 de un documento que pretende "orientar" sobre una posible zonificación ambiental para las energías renovables, aunque según el parecer de muchos expertos no ataja en realidad el problema, ya que no aporta áreas de exclusión realmente. Sin duda, antes de que las administraciones elaboren esos mapas que determinen las áreas de exclusión muchos espacios naturales de alto valor ambiental habrán sido destruidos al amparo de esas energías supuestamente verdes que todos anhelamos. Estamos en el momento clave para amparar la biodiversidad del país (y del planeta) con unas renovables que sean verdaderamente responsables, racionales y bien planificadas. Estamos en el momento crucial para que nuestros gobiernos aprueben leyes que pongan coto al descontrol de estas grandes empresas y ordenen eficazmente el desarrollo de esta transformación energética en base al interés general de la sociedad y no al de unos especuladores que hacen de los derechos de explotación el medio a través del cual enriquecerse (aún más). No caigamos, pues, en la trampa de criticar a los grupos conservacionistas cuando alegan contra las ubicaciones de muchos de estos proyectos, pues no somos nosotros los que nos oponemos a la transformación energética. Critiquemos a estos señores que nos venden una imagen verde al mismo tiempo que destruyen nuestra biodiversidad.

Así no, señores. Así no. 



19 de agosto de 2021

El gato bravo

En la península ibérica solo podemos disfrutar de dos especies de felinos, el archiconocido lince ibérico (Lynx pardinus), un carnívoro de tamaño medio del que nos llega todo tipo de información y a través de todos los medios habidos y por haber como consecuencia de su precaria situación poblacional y de los ingentes esfuerzos -humanos y económicos- que se han llevado a cabo para evitar in extremis la que parecía su inminente extinción, y el gato montés europeo (Felis silvestris silvestris), una subespecie de gato montés de menores dimensiones que su primo, pero no menos interesante y bello. Sea como fuere, en el campo nos acabará pareciendo un gato más, como muchos de nuestros felinos domésticos, aquellos a los que denominamos romanos. Bajo estas líneas una hembra de gato montés nos clava su mirada de ojos verdes, del mismo color que el prado al que sale a cazar, y nos demuestra que la hermosura de cualquier felino hipnotiza independientemente de su tamaño.


Varias características morfológicas nos ayudarán a distinguirlos de los domésticos. La más popular es la gruesa cola con dos anillos bien marcados -a veces alguno más, más difuminados- y acabada en una borla negra. Presenta una línea dorsal negra que, arrancando en la base del cuello, termina bruscamente en la zona lumbar. Sobre la cabeza unas rayas negras se convierten en cinco en la parte superior del cuello, y otras dos franjas listan los laterales de su cara, una de ellas desde los ojos. Su trufa o rinario (la nariz) es rosada y sus poblados bigotes suelen estar caídos hacia abajo. Muchos tienen una característica mancha blanca en el pecho, bajo el cuello, a modo de medalla, y que a mí me recuerda enormemente a las medallas de algunos pechiazules. Además, el pelaje de las partes interiores de las patas, así como las posteriores de las orejas tienen un notorio color crema, pardo amarillento. El resto del pelaje puede ser más o menos barrado o moteado, pero de tonos siempre grisáceos homogéneos, con un par de franjas negras en las patas delanteras, así como los pies negros. Este es el aspecto general de nuestro otro felino ibérico, el olvidado, el que pasa desapercibido en la mayor parte de la Península y del que no nos llega casi ninguna información y casi por ningún medio.

Sin embargo, resulta una pieza clave en los ecosistemas, como por otra parte lo son todos los depredadores del planeta al mantener las poblaciones de sus presas en niveles aceptables por el medio. A pesar de ello, el gato montés ha sido perseguido por su supuesta responsabilidad en los daños a las especies cinegéticas menores, e incluso en la actualidad todavía hay gente desfasada que baraja la posibilidad de controlarlo con la peregrina disculpa -injustificable como veremos- de que puede depredar sobre el urogallo. Pues bien, investigaciones recientes realizadas en la cordillera cantábrica apuntan a que este último razonamiento no se da en ninguna circunstancia, demostrándose que el 96'6 % de sus presas están constituidas por roedores (varias especies de ratones y topillos, así como de rata topera), el 1'3 % por pequeñas aves paseriformes, el 0'98 % por reptiles (principalmente lagartijas), el 0'5 % por insectívoros (musaraña y topo) y el resto -el 0'3 %- por otros mamíferos (liebre), no encontrándose entre las más de 2.250 presas identificadas en sus excrementos ningún rastro de urogallo. Es cierto que en otras regiones de la Península los conejos pueden llegar a constituir una parte importante de la dieta de este carnívoro, pero sin que ello resulte en un problema para sus poblaciones, y menos aún que justifique su persecución. En el occidente cantábrico, por ejemplo, se observó a un ejemplar que llegó a cazar 12 roedores en 3,5 horas, lo que demuestra, por un lado, sus beneficiosos efectos para el sector agro-ganadero, controlando no solo las poblaciones de roedores, sino, además, la posible transmisión de enfermedades al ganado o las personas, y por otro, dejando en evidencia la más que raquítica inteligencia humana que durante siglos ha estado exterminando a sus propios aliados (y aún hay quien sigue haciéndolo, especialmente en los cotos de caza menor). Según estas investigaciones llegan a tener un éxito de captura de aproximadamente el 50% de los intentos, lo que constituye uno de los más altos de entre los felinos.

El gato montés tiene un comportamiento discreto. No es sencillo de ver salvo en ciertos momentos de su ciclo anual cuando sale a campo abierto a buscar su sustento. Por lo general solo sus excrementos nos harán constatar su presencia, y muchas veces ni eso, ya que en el interior de su territorio las heces habitualmente son enterradas en pequeños agujeros que ellos mismos escarban y que posteriormente tapan, exactamente igual a como hacen nuestros gatos domésticos. Por regla general, solo en el perímetro territorial suelen ser encontrados sobre matas o en senderos al ser utilizados como balizas de comunicación para otros congéneres.


Los territorios presentan dimensiones muy diferentes en función del sexo del animal. En Navarra, por ejemplo, se midieron para dos machos una media de más de 50 kilómetros cuadrados, lo que parece una barbaridad a la luz de lo estudiado en Europa para la especie y en la propia península ibérica, así como de 6,6 Kms. para otro par de hembras, que también supone una cifra más elevada de lo generalmente admitido. En Portugal seis hembras arrojaron una media de 2,8 kilómetros cuadrados a lo largo del año, oscilando entre los 1,8 en primavera, los 3,4 en verano y los 3 kilómetros cuadrados en otoño-invierno. El dominio vital en el sur de Portugal se estimó, sobre una muestra de 5 hembras, en 2,2 Kms., así como de 13,7 Kms. para un solo macho. Estas dimensiones se unen a otras de proporciones similares en otros estudios europeos. Así pues, a la luz de diferentes estudios se puede inferir que las dimensiones del territorio pueden oscilar en función del sexo y las estaciones del año, dado que estas pueden llegar a influir en sus desplazamientos (por ejemplo si se acumula o no mucha nieve en ellos y los obliga a descender a cotas inferiores). En la cordillera Cantábrica suele ocupar paisajes en mosaico como los de las siguientes fotografías, pero siempre con alguna cobertura forestal donde desarrollan buena parte de su ciclo anual, ocupando territorios que defienden de sus congéneres con medias, para una muestra de 10 ejemplares radiomarcados (6 machos y 4 hembras), de 2,8 kilómetros cuadrados en el caso de las gatas, que presentan además patrones más forestales, y de casi 12,8 Kms. en el de los machos, que tienden a ocupar espacios más humanizados. Que tenga preferencias por la ocupación de suelos forestales no impide que la especie ocupe cotas altas en la sierra de Gredos, superiores incluso a los 2.000 m.s.m., por ejemplo, donde la superficie de las laderas está constituida exclusivamente por matorral de piorno.



Los territorios de las hembras no se superponen, siendo entre ellas muy limitantes y excluyentes. Esta ausencia de solapamiento territorial entre ejemplares hembra parece deberse a una distribución en el espacio que procura asegurarse el acceso al alimento, y que a su vez puede tener una relación directa con la crianza de sus cachorros. Sin embargo, los machos protegen un espacio vital con ciertos solapamientos territoriales, pero de mayor tamaño para permitirles tener acceso a varias hembras, lo que provoca que compartan sus territorios con varias gatas diferentes, del orden de dos o tres, de manera muy similar a como hace el lince ibérico. Sobre una muestra de 15 camadas se obtuvo una media de 2 cachorros por gata, que son protegidos en grietas rocosas, en huecos de árboles o entre la vegetación densa, aunque esto último sucede más normalmente cuando los cachorros ya tienen una cierta edad.

Poder observar a estos pequeños grandes carnívoros es todo un privilegio, y nos dejará un recuerdo imborrable. Y conocer aspectos importantes de su biología y de su comportamiento no deja de ser un medio de disfrutarlos aún más cuando los tienes delante, cuando asoma de entre la vegetación y emerge al prado cargado de gotas de rocío. Y te mira. Y te olvida. Y continúa con su caminar elegante, como el de cualquier otro felino del planeta, y lo observarás quedarse clavado sobre algún agujero de rata topera (Arvicola scherman), permaneciendo inmóvil, petrificado como una estatua durante unos minutos, con sus orejas dirigidas hacia el suelo. Y puedes apreciar cómo sus músculos se tensan y se precipita la tensión del momento, del lance en el que el roedor acaba en las fauces del felino en la mitad de las ocasiones, perdiendo. El gato bravo se levanta ágilmente y, mirando para ambos lados, mientras la rata topera patalea inútilmente, desesperada, para zafarse de sus mandíbulas, inicia una rápida marcha hacia la espesura de donde salió hasta desaparecer de nuestra vista, volviéndose de nuevo ese fantasma forestal del que nadie parece saber nada.






6 de agosto de 2021

Rabilargo

Al rabilargo ibérico (Cyanopica cookie) hacía mucho tiempo que le tenía ganas. Ganas de poderle hacer una serie de sesiones fotográficas, se entiende, dado que probablemente sea el córvido más bello, grácil y elegante que tenemos, con su plumaje de tonos delicados y una larguísima cola de color azul celeste. En comparación con los adultos, los juveniles de rabilargo ibérico, que por estas fechas han abandonado recientemente su nido, presentan el capirote con un ligero moteado gris, más o menos profuso, que les ha servido de camuflaje durante su estancia en el mismo. Los tonos pardos de la espalda y partes inferiores también son menos llamativos y suaves que los de sus progenitores. Pero incluso así, no se puede negar que se trata de un ave especialmente hermosa. Además, la especie está presente en la zona donde yo me muevo, por lo que un pequeño desplazamiento de una treintena de kilómetros no resulta ningún inconveniente para intentar unas sesiones. Así, este año que pensaba iba a ser el año de los pechiazules, por las jornadas que le pude dedicar en la zona centro y en la provincia de León, va a pasar a ser el año de los pechis y los rabilargos. Sí, por fin he podido hacerle las primeras sesiones y conseguir mis primeras fotos de esta peculiar especie. Trabajo compartido con un par de amigos que hacen, además, más divertida cualquier expectativa fotográfica.

Y decía que que se trata de una peculiar especie porque mantiene un comportamiento que difiere bastante del que presentan el resto córvidos europeos. Es más, adopta alguna conducta extraordinariamente rara en el mundo animal, como así lo demuestra la desplegada en el período reproductor, y que veremos más adelante. 

Pero lo primero es aclarar su distribución y taxonomía reales. El rabilargo (Cyanopica sp.) se distribuye en dos poblaciones mundiales separadas por unos 8.000 kms de distancia. Durante mucho tiempo se pensó que se trataba de una única especie dividida en varias subespecies y se planteaban hipótesis del porqué de esta distancia. La población que habita la península Ibérica se la denominaba Cyanopica cyanus cooki, mientras que el resto de subespecies ocupan una amplísima superficie del Este asiático hasta Japón (Mongolia, Sureste de Rusia, Manchuria, Este de China, Japón y península de Corea), a las que se denominaba como Cyanopica cyanus sp. Sin embargo, estudios genéticos recientes y el hallazgo de un fósil datado en 40.000 años en una cueva de Gibraltar, desmontan completamente aquella sistemática clásica, describiéndose en la actualidad como dos especies distintas: una especie sería la ibérica (Cyanopica cooki) y el resto englobadas en la segunda (Cyanopica cyanus sp.) y formada por unas seis subespecies diferentes. 


Nuestro rabilargo es un ave gregaria, ligada a masas forestales mayoritariamente abiertas, aclaradas o próximas a espacios despejados, generalmente de quercíneas y pinos, y a menudo aledañas a asentamientos humanos rurales, donde medran con las oportunidades que les brindan estos espacios teselados y en mosaico, magníficos ecotonos entre el bosque denso y las áreas abiertas, agrícolas y/o ganaderas. De hecho, aunque precisan de la abundancia de arbolado, su distribución se rarifica notablemente allí donde el dosel forestal se vuelve denso y lo tapiza todo. En estos ecosistemas este córvido bate el territorio en pequeñas bandadas, inundando el lugar con sus inconfundibles reclamos, chirriantes y ásperos, utilizados para mantener cohexionados a los ejemplares del bando. Inquisitivos, se posan en el suelo con frecuencia, entre las ramas de los árboles o sobre arbustos dispersos, rebuscando diversas fuentes de alimento por todos los rincones, tanto de origen animal (siendo los invertebrados la base principal de su alimentación) como vegetal (frutos y frutas silvestres o cultivados, en mayor cantidad durante el otoño o el invierno). Como comensales del hombre pueden alimentarse igualmente de basuras y desperdicios (por ejemplo, en los merenderos) o piensos de uso ganadero, e incluso acuden a las carroñas. Así pues, es una especie con una marcada tendencia al omnivorismo.


El rabilargo ibérico vive en bandos muy cerrados formados por individuos que se conocen muy bien entre sí. En invierno estos bandos llegan a mezclarse con otros grupos vecinos, agrupándose en grandes dormideros con un importante número de ejemplares. Sin embargo, durante el día los diferentes bandos se vuelven a disgregar sin que se mezclen los componentes de cada unos de ellos. Este modo de vida gregario se mantiene todo el año y no desaparece durante el período reproductor, lo que sí sucede en otras especies. Se forman entonces colonias de cría muy laxas, donde se reparten por diversas hectáreas los nidos de todas las parejas reproductoras (una media de 30-40 nidos por colonia).


Y es aquí y ahora cuando nos sorprende una conducta que no tiene apenas parangón entre las aves, y es que muchas de las parejas reproductoras tienen "ayudantes" que colaboran con ellas para sacar adelante las nidadas. El 49'1% de las parejas de una colonia de 110 nidos estudiada en Extremadura, contaba con al menos 1 individuo ayudante. Esto último sucedía en el 28'3% de los casos, mientras que en un 10'9% eran 2 los ejemplares subalternos. Con porcentajes menos significativos había parejas reproductoras con entre 3 y 5 ayudantes, habiéndose dado el caso de un nido con incluso 9 ayudantes y otro con 11. En la gran mayoría de las ocasiones los ayudantes son machos, según este estudio, y cuando una hembra adopta este roll siempre se ha tratado de hembras que han perdido previamente una primera puesta. Esta conducta parece que está vinculada de un modo directo con las condiciones ambientales de cada temporada. Así, en años de fuertes estiajes el porcentaje de nidos con ayuda externa a la pareja aumenta hasta el 75% y el número medio de rabilargos subalternos llega a alcanzar los 3'6 por pareja, cuando la media anual en condiciones típicas se sitúa en torno al 1'5 ayudantes por nido. 


Casi una cuarta parte de las cebas que se aportan al nido son llevadas por estos agregados, además de mantener el nido limpio retirando los sacos fecales, defenderlo de depredadores o incluso, a veces, alimentar a la hembra cuando esta está incubando o empollando.

Como veis se trata de una especie más que interesante, y no solo desde el punto de vista estético, sino también, o quizás sobre todo, desde el punto de vista etológico. Bello e interesante, así es el rabilargo.