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10 de mayo de 2023

Caza, furtivismo y descontrol

Este pasado puente del 1 de mayo ha sido intenso. He regresado a casa con los pies cansados de patear entre piedras por sendas y vericuetos de la montaña leonesa. El cuello y los hombros también se han quejado lo suyo; es lo que tiene ir cargados como acémilas con el equipo óptico, fotográfico y demás trastos. No obstante, los recuerdos que nos traemos de allí serán imborrables, como lo vienen siendo desde que estos valles y algunos de sus vecinos nos acogieran por primera vez hace ahora ya la friolera (que decían nuestras madres) de 23 años. Se dice pronto, ¡cómo pasa el tiempo!

Y ha sido intenso por todo. Hubo buenos ratos, los que más, por supuesto, rodeados de la mejor gente y de unos paisajes que en estas fechas están que explotan, con las laderas en gran parte teñidas ya del morado de los brezos, con los abedulares tiernos, serpenteando por las vallejadas más empinadas y estrechas, así como con las manchas de roble despertando también a los prematuros e históricos calores de este laaaargo verano que ya tememos todos que vamos a tener. El canto de cientos de pajarillos ponen una maravillosa banda sonora al paisaje, mientras una cría de mirlo acuático pide más y más comida a sus padres sobre las rocas del río, aún cerca de su nido. Entre tanto, el pito negro ya ha ocupado uno de los huecos de que dispone en diversos árboles del soto fluvial; y el vuelo rápido, potente y silencioso de un cárabo rescatado en una chimenea nos tranquiliza: vivirá para contarlo.


Pero también hubo momentos malos, tensos.

Vamos a "hacer un suponer", todo esto es mentira, no ha ocurrido nunca.

Por suponer, suponemos que un paisano sube con su todo terreno por una estrechuja y difícil pista. Al adelantarnos no se le ve el rifle, pero nosotros sabemos que lo lleva. Es uno de los jóvenes del pueblo más cercano con una irrefrenable afición por el gatillo. Sorprendentemente va solo, sus colegas no van con él, pero simplemente a pasear por el monte no va, eso lo tenemos claro; disfrutar del estallido de la primavera reventando de brezos morados es un acto que me sorprendería llegara a ser para él un objetivo plausible que justificara subir a lo alto del valle. Sin embargo, solo un rato después, y cuando ya estamos sentados con el telescopio y los teleobjetivos buscando fauna, se completa el rompecabezas: en lo alto de las crestas se perfilan los dos personajes que faltaban, uno de ellos portando un rifle al hombro, al que se le distingue el bípode para minimizar movimientos y afinar la puntería en el momento del disparo. El otro lleva de la mano lo que pudiera ser un telescopio con un trípode pequeño.


Van a Rebecos. A rebecos y nos tememos que a lo que se les ponga a tiro, porque son los compañeros del que va por delante nuestro -ahora ya andando valle arriba-, lo que no nos inspiran ninguna confianza. 

Siguiendo con las conjeturas, a última hora de la mañana pasan delante nuestro los tres cazadores ya juntos camino del 4x4, dos de ellos con sendos rifles en ristre (no nos equivocamos, pues, al suponer que el chaval del todo terreno llevaba el suyo en el vehículo). Siguen camino y no se paran ante el regaño dialéctico de nuestro amigo, que los conoce desde niño.

Hasta aquí el personal ingenuo o desconocedor de la realidad que se vive en nuestros montes podría pensar que todo es normal: unos cazadores yendo y viniendo al pueblo. Al no esconderse y dejarse ver a plena luz del día, probablemente sea porque tengan todos sus licencias en regla y hasta cuenten con el precinto para lo que hubieran cazado. Así que ... nada que objetar.

El problema es lo sospechoso que resulta que habiendo un número de precintos muy limitado los cazadores del coto suban demasiadas veces. Algo parece no encajar plenamente en esta cuestión.

- No, será porque no habrán cazado nada en las jornadas previas y regresarán a ver si la suerte les sonríe por fin -pensará alguno. Alguno de buena fe que, sin duda, pecará de cándido.


Sigamos con las cábalas imaginarias. El proceso es el siguiente: ellos suben, cazan un rebeco, lo decapitan y se bajan al pueblo con la cabeza en una bolsa. El que está sentado en el asiento trasero del todo terreno lleva el precinto (hago aquí un inciso: ¡aún no han eliminado al lobo de la lista de especies cinegéticas en la redacción de la web institucional de la Junta de Castilla y León!) en la mano, como a mano lleva la cabeza del pobre animal, a su lado. Si por una de esas extrañas casualidades de la vida -extrañísimas- un agente del SEPRONA o de Medio Ambiente aparece de improviso por el camino, precinta rápidamente el cuerno del rebeco y aquí paz y luego gloria. No ha pasado nada, todos contentos. El precintado de los animales cazados lleva un protocolo muy establecido en cada comunidad.

Pero si no se cruzan con nadie ... ... en fin ... ... pues nada, el precinto para la siguiente jornada. Y así un rebeco, y otro, y otro, y otro más, y los que ellos deseen y tengan oportunidad de abatir, porque ya os dirá la intuición que el SEPRONA no hace nunca controles al azar en los caminos de entrada a los pueblos de la montaña cantábrica para "cazar a los cazadores". Ni la Guardia Civil, ni menos aún los agentes de medio ambiente, que esto es, señores, la Cordillera Cantábrica, un territorio sin ley, donde el furtivo puede campar a sus anchas. En un artículo de una revista cinegética podemos leer expresamente lo siguiente: "... a sabiendas de que se van a cobrar varios corzos por cada uno de los precintos concedidos. Este no es un problema policial, es un problema de otro tipo. Por otro lado, está demostrado que los controles de la guardería o de la Guardia Civil no sirven de nada, ya que se llevan a cabo en ínfima cantidad ..." Aunque yo discrepe respecto de que no sea un problema también policial, reconozco que es un problema cuyo origen es mucho más complejo, y que sería fácilmente remediado si fuera obligatorio que cada cazador fuera siempre acompañado de un guarda en las jornadas de caza mayor. Como esto no sucede, solo queda la disuasión mediante la vigilancia.

Por seguir "haciendo un suponer" vamos a suponer que mi colega -el raro del pueblo, porque a pesar de haber nacido allí no le dio por la caza como a otros cuantos de la chavalería, sino por la observación y protección de la fauna- ha denunciado este problema a los propios agentes del SEPRONA en más de una conversación. Y por suponer, podemos suponer que los agentes de la autoridad de su zona tiran balones fuera esgrimiendo lo muy difícil que es pillarlos con las manos en la masa. "Pos'mu'bien" señores, ahora resulta que es complicadísimo organizar controles de forma aleatoria o dirigida en los caminos de entrada a los pueblos -donde todos los vecinos, y muchas veces también la propia Guardia Civil, saben perfectamente quiénes son los furtivos- e inspeccionar que todo esté en orden cuando se topen con ellos. ¿Os imagináis utilizando la misma justificación para pillar a los que conducen con una copa de más? Sería algo así:

-No, es que es muy difícil distinguir en los bares o en las discotecas a los conductores (bebiendo) y seguirlos hasta el coche y esperar a que lo arranquen y conduzcan unos metros.

Señores de la Ley, es muy sencillo, realmente sencillísimo, hacer vigilancias y verificaciones en los caminos de acceso a los pueblos. Es algo de primero de carrera de agente de la autoridad. Piensen ustedes que en el momento en que se generalizaran un poco estas inspecciones, solo un poquito, un poquitín nada más, ya les digo yo que descendería radicalmente el número de cazadores / furtivos que se arriesgarían a ser trincados con una cabeza de rebeco, ciervo, gamo, cabra, muflón, corzo, o lo que fuere, sin el pertinente precinto. Y no por la multa, que son penosamente poco disuasorias (y eso es ya harina de otro costal, del que también se podría hablar laaaargo y tendido), sino por el periodo de tiempo que se iban a pasar sin poder salir a "disfrutar de la primavera reventando de flores", que es, seguro, lo que motiva a estos criminales a salir de sus casas y del bareto del pueblo para subir al monte (eso sí, con el rifle al hombro, claro, que no se despistan en este pequeño detalle). Con unos pocos efectivos de la Guardia Civil picoteando regularmente aquí o allá se obtendría un efecto disuasorio sustancial en toda una comarca. Y no se hace. Y les digo aún más, además de generalizar controles al regreso a los pueblos para perseguir el furtivismo, también podrían hacerlos ustedes por las mañanas, pero esta vez de alcoholemia, porque es verdaderamente peligroso que un personaje con más de una copa encima porte un arma mortífera entre sus manos, lo que sucede con demasiada regularidad antes de las monterías, batidas y ojeos, por ejemplo. El resto de los usuarios del monte lo agradeceríamos infinito, creanme, estaríamos bastante más seguros.


Pero todo esto es un suponer, repito, no ha sucedido nunca en esta bendita Cordillera Cantábrica donde el furtivismo para nuestras instituciones públicas debe ser poco menos que, si no inexistente, sí al menos marginal y desde luego un problema menor, un tipo de delincuencia sin ninguna prioridad para ellas, dado el rotundamente nulo interés que ponen en perseguirlo. ¡Hombre, por Dios, estamos hablando solo de un suponer, claro, ya lo he dicho! ¡Cómo vamos a pensar nosotros que esto pueda estar sucediendo de manera cotidiana a lo largo y ancho de la montaña cantábrica y que nuestras administraciones no se lo iban a tomar en serio! Es más, solo puede ser un suponer también que haya quien suba incluso en días de diario cuando todos sabemos que no son días hábiles de caza. Es tan solo una situación novelada el hecho de que sea tal la impunidad que sienten estos sujetos ante la patente falta de vigilancia, que la generalización de este tipo de furtivismo lo ha convertido en un serio problema de conservación. Nuestras autoridades se olvidan de que estos delincuentes sin escrúpulos pueden disparar también sin mucho pesar a especies protegidas, además de a las propiamente cinegéticas, lo que agrava exponencialmente las consecuencias ambientales de esta delincuencia. Por supuesto al lobo, del que tanto hablamos aquí, pero también al oso o al urogallo (alguno de esos cazadores se preciaban de matar no hace tantos años diez o quince gallos anuales). Nadie les va a ver ni a decir nada, porque la montaña está huérfana de vigilancia. Los únicos que observamos lo que en ella ocurre somos los naturalistas. Esta es la cruda realidad. Es por ello que nuestros ojos molestan tanto en el campo, porque podemos ser testigos de sus fechorías. 

Pero hasta aquí hemos lamentado la aparente falta de interés que muestra la Guardia Civil por perseguir este tipo de delincuencia, o por lo menos de algunas comandancias, no vamos a ser injustos con todas ellas metiéndolas en el mismo saco. Sin embargo, alguno se preguntará qué hay de los agentes y celadores de medio ambiente. Pues chicos, no sé muy bien qué decir porque muchas veces es incluso peor. Gran parte de ellos son además cazadores, muchos claramente antilobo -especialmente en la Cantábrica y en las Reservas Regionales de Caza-, y de más de uno pesa la duda de la sospecha sobre si furtivean ellos mismos sobre el ahora protegido lobo ibérico, y desde luego en general más pendientes de la protección de las especies cinegéticas que del resto de los problemas ambientales. Viven en los pueblos de la zona donde trabajan y por evitar enfrentamientos con sus vecinos muchas veces no son todo lo rigurosos que sus competencias les obligarían a ser con sus paisanos, rigurosidad que, sin embargo, sí muestran a menudo con los naturalistas que campeamos por el monte, a los que a veces nos atosigan como si fuéramos nosotros los delincuentes, en vez de ver en nosotros a una posible ayuda en su labor de vigilancia o como una fuente de información sobre la fauna.


Así que ... con estos precedentes, que sucedan cosas como la que veremos en el siguiente cuento no ayudan a poner toda nuestra confianza en ellos tampoco.

Vamos a seguir con el suponer, suponiendo un suceso que tampoco nunca ocurrió. La historia comienza mucho antes de que las autoridades incompetentes soltaran en un valle de la montaña leonesa un cachorro de oso de unos 10 meses de edad, tras recuperarse de una situación crítica en dos diferentes CRAS (Centro de Recuperación de Animales Silvestres). Meses antes había sido rescatado por unos paisanos y naturalistas cuando el pobre cachorro estaba moribundo; de hecho boqueaba en el momento de ser encontrado, como si estuviera agonizando en sus últimos minutos de vida. 



El agua, la leche y las atenciones que le proporcionaron en estos primeros momentos le salvó sin duda la vida hasta que las autoridades se desplazaron para recogerlo en un pueblo y trasladarlo urgentemente al centro de recuperación, donde finalmente se le proporcionaron los cuidados veterinarios que hicieron que sobreviviera y se recuperara del todo. La Junta de Castilla y León, haciendo gala de una caradura impresionante y de una desfachatez increíble***, se apuntó el tanto y contó a todos los medios que ellos habían rescatado a un osezno que había sobrevivido al infanticidio de una camada de tres hermanos, transmitiendo como propia la información que les proporcionaron los vecinos y naturalistas que rescataron realmente al animal, porque NUNCA NADIE DE LA JUNTA se había acercado antes por la zona a vigilar, controlar o estudiar, no ya a esta osa, sino a ningún miembro de esta especie en aquellos valles. Y podemos asegurar que desconocían por completo la existencia de esa osa y de su camada porque llevaba varias semanas siendo vigilada por naturalistas del lugar a diario, y nunca nadie de la Junta hizo acto alguno de presencia. Da verdadera risa el último párrafo de la información, cuando dice que "... los equipos de campo de la Junta de Castilla y León tenían controlada una osa con tres crías del año, que en días previos podría haber sufrido la pérdida de dos de ellas por el ataque de un macho ..."

De hecho siguen sin saber ni cuántos ejemplares se mueven por allí, y menos aún cuántos de ellos son hembras, o cuántas de ellas tienen crías de una u otra edad, ni nada de nada. No saben absolutamente un pimiento del oso en aquellos valles porque simplemente no los pisan. El caso es que la película continúa cuando al día siguiente de ser devuelto en secreto el osezno al entorno natural ¡¡se hizo un rececho al corzo en el mismo lugar en el que fue soltado, también en secreto!! Pero el secreto duró poco más que un parpadeo y esta barbaridad que pretendía pasar desapercibida se supo la misma mañana en que se produjo. ¿Es de verdad necesario arriesgar la vida de un osezno recién soltado, aún inexperto y completamente desubicado, con un accidente de caza? ¿No había espacio acaso en todo el coto local que tuvieron que cazar aquella mañana allí precisamente? ¿La irresponsabilidad de nuestra administración es tan grande que les importó un bledo seleccionar como lugar de la suelta el mismo en el que se iba a celebrar un rececho al día siguiente? ¿Son tan irresponsables en la Junta de Castilla y León que, sabiéndolo, y si ese punto era el punto idóneo para liberar al animal no pudieron posponerla simplemente unos días? Pues sí, son así de irresponsables. Mi amigo, el raro del pueblo del que os hablaba antes, llamó al agente de medio ambiente de la zona para decírselo, lógicamente muy enfadado, y este funcionario al que pagamos todos, tras sorprenderse de que se hubiera enterado del secreto en tan poco tiempo, le prometió que ya no pasaría de nuevo, le dijo que no se preocupara más porque ya no habría más caza por allí, que el esbardo en adelante no iba a tener ningún percance fortuito por esta acividad.

Pues señores míos, exactamente al día siguiente de que le tranquilizara porque ya no se iba a cazar en esa mancha de monte, la novela acaba con ...

¡¡¡¡  Tachan, tachan, ... sí, con UNA  BATIDA  AL  JABALÍ  !!!! barriendo precisamente aquel lugar.

Además de ineptos y cómplices del furtivismo por su inacción e inoperancia contra esa lacra, son mentirosos y unos irresponsables. Así se las gasta la Junta de Castilla y León, para que luego la gente se extrañe que tenga tan mala prensa.

Bueno ¿cómo os habéis quedado? estupefactos, seguro, como cualquier ciudadano sensible que por mucho que lo razone no va a encontrar justificación alguna para que estas cosas sucedan una y otra vez en nuestros campos. Sí, por puntualizarlo, todo esto sucede en la inestimable Comunidad Autónoma de Castilla y León. Se nos apelotonan en la cabeza las preguntas sin respuestas. ¿Es realmente de interés general para el conjunto de los españoles proteger hasta las últimas consecuencias la actividad cinegética por encima del interés superior de protección ambiental de nuestros espacios naturales, así como de cualquier otra consideración, sea del tipo que sea -social, ambiental, moral, ética, económica,... ? ¿De verdad el 98 % de los españoles tenemos que arriesgar la vida por convivir en el campo con la peligrosa práctica de esta rancia actividad, practicada por una más que evidente minoría? ¿De verdad alguien puede justificar que sea compatible la protección de los espacios naturales para el disfrute de la propia vida que habita en ellos a la vez que se mantienen en el mismo espacio geográfico los cotos de caza o, peor aún, las Reservas Regionales de Caza, mantenidas económicamente con los impuestos también de ese 98 % de españoles que no cazamos? ¿No sería lógico incluir a todos los Espacios Naturales Protegidos bajo el mismo paraguas que los Parques Nacionales, donde está ya prohibida la caza por diversión? ¿Tiene alguien en las administraciones la sensibilidad suficiente como para comprender que es indecente matar animales por diversión en un espacio que ha sido protegido para la propia conservación de la fauna que en él habita, además de para el disfrute de esa fauna VIVA por parte de la sociedad?

En la imagen siguiente vemos la huella correspondiente al pie de un oso de pequeño tamaño, y que probablemente pertenezca al del osezno liberado, tomada en estas fechas de primeros de mayo en la misma zona en la que fue liberado, cuando ya contaría con aproximadamente 15 meses de edad. Si fuera así, podemos alegrarnos que sobreviviera a los clásicos "accidentes" de caza que con tanta frecuencia ocurren en esta comunidad autónoma.


¡¡Cómo me acuerdo ahora del trato de favor que la lamentable Junta de Castilla y León tuvo con los cazadores durante el confinamiento permitiéndoles seguir con su actividad mientras el resto permanecíamos encerrados!! ¡¡O de aquellas patéticas charlas de la Federación de Caza de Castilla y León que pagamos todos los ciudadanos para fomentar entre nuestros escolares las "bondades" de la caza y en contra de la cultura del Bambi!! Son solo dos patéticos ejemplos de la protección a ultranza que el gobierno actual de la comunidad autónoma de Castilla y León hace de la caza, como lo es también dejarles gratuitas las licencias de caza o las modificaciones introducidas en la Ley de Caza, privilegiando su actividad por encima de los derechos de uso del espacio del resto de usuarios del campo.

Lo dicho en otras ocasiones, amigos, vivimos en un país tercenmundista en materia de medio ambiente.

Pero faltaba la guinda. El suponer quiso que además de los tres cazadores, probables furtivos, 5 motoristas pasaran también por delante de nuestras narices por un sendero por el que la ley prohibe taxativamente el uso de vehículos motorizados. ¡¡¡Que no pasa naaaada, chicos, que nadie nos va a decir absolutamente nada, porque no hay nadie que vigile estos valles!!!, ¡¡¡que la montaña es nuestra, a ver si os enteráis de una puñetera vez, ecologistas de mierda!!!


Bueno, como todo lo que aquí he contado no ha sucedido nunca, no os debéis asustar, el mundo de Yupi es el mundo real, y la ley se cumple a rajatabla en todas nuestras montañas. Los agentes forestales y el SEPRONA no tienen realmente que vigilar nada porque no existen delincuentes con rifles campeando a sus anchas por nuestros campos y montes.

*** Esto de apuntarse tantos que no se han currado es algo típico de todas las administraciones, pero si hablamos de esta en concreto -la Junta de Castilla y León del Partido Popular- y en relación con el oso pardo cantábrico, se me viene ipso facto a la cabeza cuando hace unas décadas el trabajo de protección y conservación de este plantígrado realmente llevado a cabo en el Principado de Asturias era usurpado como fruto de su propio trabajo por este desacreditado gobierno autonómico, gracias a que la propia expansión natural de la especie debida al aumento de individuos en la fachada norte de la cordillera conllevó la dispersión de ejemplares también hacia el sur. En aquella época la comunidad castellano-leonesa, no solo no hacía nada por la especie, sino que pudo ser incluso la responsable directa de acabar definitivamente con el núcleo oriental (con apenas 25 ejemplares y casi todos machos en aquel momento) si la sociedad civil no hubiéramos impedido la destrucción del único corredor viable para conectar esta población marginal y endogámica con la occidental, empeñados como estuvieron en la construcción de la Estación de Esquí de San Glorio. No nos podemos olvidar que fueron ellos, los dirigentes del Partido Popular que desde hace décadas vienen gobernando nuestra comunidad como si fuera su cortijo, los que intentaron reducir el nivel de protección del entonces llamado Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre -hoy P. N. Montaña Palentina-, lo que nunca anteriormente había sucedido en nuestro país (y que fue impedido por los tribunales), para permitir la construcción de dicho pelotazo urbanístico, lo que hubiera representado la puntilla final de esa pequeña subpoblación de osos. Por supuesto, el furtivismo evidente que existía (y sigue existiendo) sobre esta especie principalmente en el norte de Palencia fue silenciado y negado con reiteración por esta misma administración, que nunca ha demostrado mayor interés en perseguirlo y castigarlo, como tampoco lo ha demostrado por la conservación de la especie

NOTA FINAL: No es mi deseo generalizar y meter en el mismo saco a todo el mundo, por lo que deseo dejar constancia de que también hay quien persigue con tenacidad el furtivismo sobre el terreno (12345, ... ). Que estos luchadores continúen siendo honrosas excepciones, como ocurre en la actualidad, o se conviertan en la norma habitual depende principalmente de las propias administraciones, pero que tengan interés real en acabar con esta lacra es algo que están tardando demasiado tiempo en demostrar. Décadas, sin duda. En realidad es una desidia ya histórica, y sigue siendo algo que aún está por demostrar.

20 de diciembre de 2022

Hablemos de política

Sí, hablemos de política, porque la política cada vez impregna más con sus espurios intereses la conservación de la naturaleza.


Hace ahora 15 meses que el lobo fue incluido en el Listado de Especies en Régimen de Protección Especial (LESRPE) como correspondía por ley a una especie prioritaria en EU y con un estado de conservación desfavorable según los informes técnicos. Se equiparaba así a la conservación de otras especies en situación similar, enmendando lo que hasta ese momento había sido un flagrante caso de agravio comparativo, y corrigiendo una situación absurda desde el punto de vista jurídico y biológico, es decir, que se gestionara de manera diferente una misma población animal según la región administrativa en la que habitara y, por lo tanto, de forma desordenada y anárquica en función de lo que determinaran unas decisiones políticas, muy alejadas de los criterios reales de conservación de la especie. De facto, esto acarreaba una inevitable debacle en su protección. Como ya toda la población española sabe, este logro sin precedentes fue conseguido por una modesta ONG que trabaja muy duro por el estudio y la conservación del depredador, y que hoy en día está en boca de todos los políticos regionales del noroeste español en cada uno de sus discursos, y no precisamente para ser alabada: ASCEL y todos sus socios pueden estar muy orgullosos de haber conseguido un hecho histórico en nuestro país, obligando al Gobierno de España a proteger a esta especie como correspondía. Sabíamos que las comunidades autónomas que durante décadas solo han sabido o querido gestionar la especie mediante su persecución letal no se iban a quedar calladas tras su cambio jurídico. Esto era evidente, los políticos regionales tenían que demostrar ante sus potenciales electorados del mundo rural que hacían todo lo posible por defender los supuestos intereses del campo, o al menos los intereses de aquellos que más alto alzan su voz, estridentes asociaciones agrarias incluidas, aunque no representen al conjunto del colectivo, ya que cada vez son más los que dirigen sus negocios de manera sostenible y no comparten la política radical de la mira telescópica y el gatillo.


Pero los políticos saben que aún para una parte muy relevante del mundo rural, para esa que sigue gritando y a la que se le hincha la vena del cuello si algo representa un obstáculo en su explotación agro-ganadera, el único manejo que conoce de la naturaleza es... simplemente la eliminación de lo que estorba; y es que todavía hay algunos que no conciben otro modo de relacionarse con el medio ambiente: estorban el matorral, las zarzas, los sotos y los setos, los árboles viejos, y los no tan viejos en mitad de la parcela, la vegetación de las cunetas y las lindes, los árboles que en otoño se desprenden de sus hojas y "lo dejan todo perdido", las "malas hierbas", los insectos, los micromamíferos, las "alimañas" que para muchos siguen existiendo aunque se alimenten de esos micromamíferos, los conejos que producen daños en los cultivos, los zorros que se comen esos conejos además de miles de esos micromamíferos, los jabalíes que producen más daños, los lobos que se comen esos jabalíes, además de cabras monteses o ciervos o corzos o carroñas, muchas veces las mismas carroñas que ellos abandonan en el campo, los abejarucos, los cormoranes, ... Todo lo que no produce acaba estorbando, y lo que estorba se elimina. Esto es así aún en el modus operandi de mucha gente del campo, sin malicia alguna en la mayoría de los casos, porque simplemente es la visión utilitaria de la naturaleza que han conocido desde niños.

El caso es que la evolución del conflicto inventado sigue el previsible curso de los acontecimientos. Así, algunas comunidades autónomas se revelan ante la nueva situación jurídica e intentan soslayar la nueva protección de la especie. Y es que se acerca el año electoral y nuestros políticos ya están de campaña en nuestros pueblos. Los actos preelectorales han comenzado, señores, llegan las rebajas y estamos que lo regalamos todo, mentiras, demagogias, adulaciones, frases hechas, tópicos y sonrisas falsas; oigan, cómprennoslo ya, que nos los quitan de las manos. Nuestros gobernantes autonómicos han dado el pistoletazo de salida y cada vez con más frecuencia de aquí a mayo de 2023 se van a dejar ver en los establos acariciando vacas, pisando hierba en algún prado verde -que, por supuesto, estará junto a la carretera, no se les vayan a manchar mucho sus lustrosos zapatos- y en los platós de televisión o detrás de los atriles en tribunas elevadas "defendiendo a capa y espada el mundo rural contra los ecologistas radicales que protegen a ultranza a esa especie sanguinaria, única y exclusiva responsable de la inminente extinción del ganadero y del abandono total de nuestros pueblos". Y bla, bla, bla, bla, y más bla, bla, bla.


Enmarcada dentro de esas actuaciones que solo pretenden contentar a ese sector aún mayoritario del electorado rural que se ha creído esa gran mentira de que el lobo es el causante de todos sus males, Cantabria, por ejemplo, se enfrenta al Ministerio y con una bochornosa chulería se planta ante la ley, y haciendo declaraciones que muy bien podrían ser calificadas de macarras, su Consejero de Desarrollo Rural y Medio Ambiente (le tiene alguien que explicar qué significan estas dos últimas palabras), el Sr. Guillermo Blanco, soltaba en primavera una perla que sonaba a amenaza al decir que "¿Nos piden que pongamos lazos? Los vamos a poner, y nos tienen que decir una dirección de correo donde enviarles los lobos", haciendo una irresponsable apología del furtivismo. Así las cosas, la obcecación del gobierno cántabro y el enfrentamiento intencionado con el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico en busca de la simpatía de sus posibles votantes hace que en junio emita nuevas autorizaciones para seguir matando lobos. La fijación enfermiza que el propio presidente de la comunidad cántabra, Miguel Ángel Revilla, tiene con el cánido desde niño es ya pública desde hace tiempo y notoria (en febrero declaraba en El Independiente, entre otras cosas, que "Cuando a mí me comieron mis ovejas con ocho años había muchos menos lobos que ahora" y afirma que "La presencia del lobo es una ruina. Me parece bien que habiliten espacios para proteger al lobo, en recintos cerrados. Pero lobo y ganadería son incompatibles"), y se ha transformado en un evidente enfrentamiento con los jueces que hacen cumplir la nueva situación jurídica de la especie: "Revilla abroncó a uno de los jueces que suspendió la caza de lobos en Cantabria", informaban diversos medios de comunicación a finales de septiembre de 2022. 

Hay que vivir anclado en la Edad Media para decir que una especie animal solo merece vivir en recintos cerrados. A lo mejor somos los hombres los que, visto el estado deplorable en el que está el planeta, deberíamos encerrarnos a nosotros mismos para protegerlo. Declaraciones tan bestias y tan antiguas como las que hace el presidente Miguel Ángel Revilla solo consiguen enconar el conflicto social alrededor del lobo y magnificarlo un poco más cada vez que abre la boca, además de venir a demostrar porqué el planeta se encuentra en esta situación límite actual.

La aparición en los medios de comunicación de la problemática que suscita esta especie es inevitablemente abrumadora, y lo es de modo intencionado en busca de votos por parte de partidos políticos de cualquier signo. Todos ellos se suben al carro en busca de los réditos políticos que supone vilipendiar al lobo. Inevitablemente también, cada actuación del gobierno cántabro que pretenda driblar la protección del cánido es recurrida en los tribunales por ASCEL y, como no podía ser de otra manera, los tribunales le dan la razón a la asociación conservacionista, lo que nos hace comprender lo lamentable que es nuestra clase política cuando vemos que una y otra vez es la sociedad civil la que tiene que obligar en los juzgados a nuestras instituciones autonómicas a ajustarse a la ley, cuando sus acciones y decisiones en materia de medio ambiente deberían estar regidas por lo que indica la ciencia. 


Por su parte en Asturias las cosas se desarrollan de manera paralela a Cantabria, y será una vez más desde el mismísimo Parque Nacional de los Picos de Europa (PNPE) desde donde se sigue alimentando la ignominia.


Y esto es así debido a que este parque nacional se ha erigido desde hace décadas en reconocido estandarte de la más bochornosa persecución institucional del depredador en nuestro país, en donde funcionarios públicos pagados por todos han llegado a matar a tiros incluso a lobos radiomarcados con collares GPS, pertenecientes a caros estudios científicos que han sido encargados por instituciones públicas, o donde el propio biólogo responsable de la conservación de la fauna -el supuesto "experto en lobos" Borja Palacios Alberti- llegó a matar (a golpes en la cabeza) a una camada de siete lobeznos de muy pocos días de edad y en donde, en vez de ser cesado y expulsado del PNPE, fue poco tiempo después recompensado por la dirección del parque con un cargo de mayor responsabilidad.


Pues es de nuevo allí, en este parque nacional, máxima figura de la hipócrita protección ambiental en nuestro país, donde el consejero de Medio Rural y Cohesión Territorial del Principado de Asturias, el Sr. Alejandro Calvo, procede a autorizar la muerte de otro ejemplar, contraviniendo la nueva jurisdicción que lo protege, y haciendo de nuevo inevitables las denuncias ante la ilegalidad que se pretende justificar. Pero ya lo último y más vergonzante que esgrime el "Paraíso Natural" asturiano para justificar la muerte de ejemplares de lobo es alegar que su presencia amenaza la seguridad de las personas, llevando la aberración a cotas difíciles de superar.

Entre tanto, el PP de Castilla y León, sin llegar tan lejos en las acciones realizadas, también busca venderse ante el electorado castellano-leonés como valedor del mundo rural. El mismísimo responsable de que la magnitud de los incendios de Zamora fuera histórica en España al negarse a ampliar el nivel de riesgo de incendios durante el verano extremo que hemos pasado (con temperaturas récord y durante períodos de tiempo igualmente históricos) porque ¡¡aún no estábamos en julio!!, el denostado político Juan Carlos Suárez-Quiñones, ahora dice luchar por el mundo rural pidiendo hacer controles de lobos y alegando que protegiendo de ellos a la ganadería extensiva se minimiza el riesgo de incendios en nuestros montes. ¡¡¡Alucinante, chicos, verdaderamente alucinante!!! Hay que tenerlos muy gordos para pretender relacionar la presencia del lobo con la proliferación de los incendios, pero que además lo haga el responsable de lo acontecido hace unos meses en Zamora sobrepasa lo obsceno, la desfachatez y la burla. Se debe pensar que somos imbéciles.


Lejos de dimitir, que es lo que tenía que haber hecho este sujeto en verano y lo que todos le seguimos exigiendo, se permite el desparpajo de usar dinero público para viajar a Bruselas a hacer el paripé de que le importa el mundo rural, como si nos lo fuéramos a creer. Esto lo hace de cara, sin duda, a recuperar ese electorado que probablemente perdiera el PP en Zamora y CyL por su irresponsable gestión de los incendios. Y para ello utiliza la figura del lobo, manoseando un conflicto artificial y amplificándolo en el Parlamento Europeo. En definitiva, utilizándolo como arma política. El objetivo de su viaje (insisto, solo de cara a la galería) es pedir a la Eurocámara que se rebaje el grado de protección del lobo en Europa, en una acción que podemos considerar de puro marketing electoral, en tanto que el Parlamento Europeo no es quien puede tomar dicha decisión, sino la Comisión Europea. Su lucha por los votos frente a VOX en Castilla y León está detrás de estas maniobras que, sabían, no iban a recalar en ningún puerto, por lo que solo se pueden entender en clave electoral. Como ya todos sabíamos, y ellos los primeros, su visita a Bruselas y el despilfarro de nuestro dinero que aquel viaje supuso, no les aportó ningún rédito en cuanto a la desprotección del lobo (queda por ver si la gente del campo castiga en las urnas al PP o si son de memoria frágil, que es lo que verdaderamente se juega el PP de CyL con estas actuaciones) y, aunque el Parlamento Europeo votó a favor de una resolución a través de la cual solicitó a la Comisión Europea que se relajara la protección de los grandes carnívoros (lobo y oso), Bruselas rechazó rotundamente modificar la protección de los mismos dado sus estados de conservación desfavorables. Por si fuera poco contundente esta decisión, el Consejo de Europa redactó un informe categóricamente contrario a relajar la protección del lobo. Dicho informe fue llevado y discutido en la reunión celebrada el 1 de diciembre del Convenio para la Conservación de la Vida Silvestre y los Hábitats en Europa -el conocido como Convenio de Berna-, y ratificado en dicho foro, manteniendo el nivel de protección del cánido en toda Europa y respaldando así las tesis de ASCEL para España, bien argumentadas jurídica y biológicamente.


Pero estamos en precampaña electoral. Que el PSOE se haya visto obligado a proteger al lobo por mandato europeo, no significa que esté contento de manejar esa patata caliente, y parece que ya empieza a perfilarse en "modo elecciones" cuando, al contrario de la postura firme mantenida hasta ahora por el Ministerio ante los ataques que recibía de las CCAA con presencia mayoritaria del lobo, parece querer suavizar su discurso y admite que se dan dos de los tres supuestos que la ley exige para que se puedan llevar a cabo legalmente esas muertes de lobos a manos de las instituciones asturianas. Una de esas dos situaciones que, según el Ministerio, sí se dan en el caso de la solicitud del Principado para eliminar un lobo en el Parque Nacional de los Picos de Europa es que "existen razones imperiosas de interés público de primer orden, incluidas las de carácter socioeconómico y consecuencias beneficiosas de importancia primordial para el medio ambiente". Es interesante analizar este argumento que justificaría uno de los tres requisitos necesarios para regresar a los controles. Por un lado, muchos ciudadanos no van a entender como "razones imperiosas de interés público" los intereses privativos de un colectivo profesional; no lo tiene nada fácil el MITECO para explicar a la sociedad cómo puede prevalecer el interés particular e individual de un sector sobre el beneficio público (ahora sí que sí) y social de la conservación de la biodiversidad y de la protección real de una especie protegida, máxime cuando los perjuicios que la especie pueda causar son meramente económicos y, como tales, se pueden compensar de igual manera. Pero es que, además, ¿cómo se justifica que matar un lobo tenga "consecuencias beneficiosas de importancia primordial para el medio ambiente"?, alguien se lo tendrá que explicar a esta sociedad, porque parece una enorme y descomunal tomadura de pelo. Pero por si no fuera ya imposible comprender semejantes argumentos, que no se sostienen ni con pinzas, el último equilibrio que hace el departamento de Teresa Ribera es aceptar como demostrada la ya mencionada tesis del Principado de Asturias que considera acreditado que la presencia de lobos en Cabrales ¡¡¡¡¡amenaza la salud y la seguridad de las personas!!!!!

Pura ciencia ficción. ¡Increíble, pero cierto!, menuda filigrana pretenden colarnos. 

El lobo, señores, se ha situado desde hace mucho tiempo en el centro del debate político en estas comunidades autónomas. Las dimensiones del conflicto son desproporcionadas en relación a las pérdidas económicas que realmente ocasiona, y desde las instituciones se obvia, con premeditación y alevosía, tanto los beneficios ecosistémicos que proporciona la especie, incluso para el propio sector agro-ganadero (beneficios cuantificables muy superiores a las posibles pérdidas económicas de las que él pudiera ser responsable), como de la magnificación artificial de la problemática por la concurrencia de otros factores de gran incidencia en las pérdidas como lo son los fraudes, la responsabilidad de los perros en muchos de los ataques, los inconsistentes peritajes de ataques que se hacen en España y que para nada pueden ser calificados de científicos, etc.

Nada de todo esto último importa. Solo importa culpabilizar a un enemigo que se pretende sea común para que el populacho se crea mis mentiras, me vote contento y yo pueda seguir gobernando otros cuatro años más. A esto se limita realmente el conflicto del lobo. Y si alguien no me cree, que pregunte a todos esos ganaderos que sí conviven con él en armonía, que no tienen pérdidas porque ponen realmente los medios para evitarlas y no comulgan ni con sindicatos extremistas, ni con políticos mentirosos y manipuladores.

29 de junio de 2021

Rebecos leoneses

Amanece en las agrestes laderas de unos montes leoneses a donde el azar y las circunstancias nos han arrastrado con los pesados equipos fotográficos y de observación. El sol calienta las faldas de la montaña que tenemos enfrente mientras nosotros dos permanecemos aún a la sombra de una gran ladera, en silencio, observando con el telescopio y los prismáticos el renacer de una nueva jornada. Más allá de estos montes, un mar de nubes cubre todas las llanuras circundantes. Las manadas de rebecos (Rupicapra rupicapra) desayunan por las inclinadas praderas verdes, desperdigadas, pero nunca a mucha distancia de los protectores cortados rocosos. Envidiamos el sol que los calienta, mientras nosotros necesitamos ponernos toda la ropa que hemos traído, gorros y guantes incluidos; el astro rey tardará aún bastante en ofrecernos a nosotros sus anhelados rayos. Un jabalí deambula por debajo de nuestra posición. Un puñado de cabras monteses hacen lo propio también. Escudriñamos crestas, aristas, laderas, hondonadas, praderas, roquedos, canchales, ... buscando encontrarnos con los espíritus del bosque y la montaña, con el palpitar de la vida real en la naturaleza.








Hoy solo los rebecos, el puñado de cabras y aquel jabalí remolón distraerán nuestras miradas. Nuestros cuerpos destemplados esperarán inmóviles y pacientes la sorpresa que no llegará.

La pasión que levantan los rebecos en la cordillera Cantábrica y Pirineos  -únicos lugares en los que podemos observar esta especie en nuestro país- es comparable con la que levantan las cabras monteses a quienes vivimos cerca de Gredos y otras sierras centrales (además de en otros muchos lugares de la península). Más feúchos ahora con su pelaje de verano, se me viene a la cabeza las pasiones que levantaba ya en el siglo XIX entre la nobleza y la aristocracia españolas, cuando representaba un trofeo de caza muy codiciado. Hoy el rebeco sigue soportando una gran presión cinegética, tanto legal como ilegal.

Se trata de una especie típica del piso subalpino, de esa franja ecotonal existente entre la parte superior de los bosques y la alta montaña. En este ambiente realiza desplazamientos altitudinales con las estaciones del año, abrigándose en las masas forestales durante los crudos inviernos y ascendiendo por las praderas alpinas a medida que avanza la estación primaveral, alcanzando las mayores cotas durante lo más caluroso del verano. Nunca se aleja demasiado de los bosques o roquedos protectores, en los que busca refugio por igual. 

Nosotros, desde nuestra atalaya a la sombra, los vemos efectivamente alimentándose entre los últimos abedules del bosque y las cuerdas cimeras, aprovechando los pastos aún verdes de este final de primavera.




Cuando nos empieza a calentar el sol llega la hora de plegar los trastos, quitarnos algo de ropa y regresar por donde hemos venido. Ya han pasado tres horas desde que amaneció y los espíritus del bosque y la montaña no han querido presentarse. El amanecer no ha tenido desperdicio, aun así. Ha sido un chute de paz y serenidad. Hemos estado completamente solos y no hemos visto a nadie ni en la distancia. Solos. Nosotros y los rebecos. Completamente solos.

Ahora nos vamos y los dejamos a ellos pastando, dejando pasar un nuevo día en la montaña cantábrica.

30 de noviembre de 2020

Y sigue el goteo ...

 ... de ejemplares muertos de oso pardo (Ursus arctos) en nuestro país. Coincidiendo con la temporada de caza dos hembras de oso han caído el mismo día bajo los disparos de sendos cazadores, una en los Pirineos y la otra en la montaña palentina.


La osa Sarousse lo hizo ayer domingo 29 de noviembre en un valle del Pirineo oscense, lo que suma el tercer ejemplar de esta especie muerto en esta cordillera en lo que llevamos de año, tras la muerte el 9 de abril en extrañas circunstancias del macho Cachou en la vertiente española y de otro ejemplar más en la vertiente francesa con varios disparos de arma de fuego. Cabe reseñar que el miércoles 18 de noviembre, siete meses después de la muerte de Cachou, fue detenido y posteriormente puesto en libertad con cargos un agente forestal del Conselh Generau d'Aran acusado de un delito contra la fauna, otro de prevaricación y uno más de revelación de secretos, relacionados con la muerte de dicho animal, algo que tiene pocos precedentes en nuestro país, donde siempre ha salido gratis matar a esta especie. La muerte de este último ejemplar de oso en los Pirineos, la vieja osa conocida como Sorousse, tuvo lugar durante el transcurso de una batida al jabalí, modalidad cinegética que se ha demostrado en ya demasiadas ocasiones trágica para la especie, pero que se sigue practicando sin remordimiento alguno en todo nuestro territorio nacional, independientemente de que se conozca en la zona la presencia de las especies protegidas más emblemáticas de nuestra fauna, como en el caso de los propios osos pardos en el norte de nuestra geografía, o de linces, buitres negros, águilas imperiales, reales o perdiceras en el resto de la península, e incluso durante la temporada reproductora. Nunca nos cansaremos de criticar abiertamente estas modalidades cinegéticas debido al estrés brutal que provoca en todas las especies animales que puedan vivir en la zona sobre la que se practica la batida, el gancho o la montería.


Por su parte, también caía ayer víctima de otro cazador una hembra de oso pardo del reducido núcleo oriental de la especie, en el término municipal de Cervera de Pisuerga -en la montaña palentina-, durante el transcurso de otra cacería al jabalí, ¡cómo no!, la enésima que acaba de esta trágica manera. Y esto sucedió a pesar de que en esta ocasión la partida de caza estaba acompañada por dos celadores ambientales y un miembro de la Patrulla Oso de la Junta de Castilla y León, lo que parece indicar que alguna sospecha de la presencia de ejemplares había, aunque la Junta haya anunciado que en los días previos se rastreó la zona y no se había podido constatar este hecho. Yo, personalmente, no me lo creo dado el historial que arrastra tras de sí la siempre judicializada Junta de Castilla y León en materia medioambiental, y la lamentable trayectoria que ostenta del más profundo desprecio a nuestro patrimonio natural.

Este nuevo suceso ocurre en uno de los sumideros de osos pardos más vergonzosos de nuestro país: la Reserva Regional de Caza de Fuentes Carrionas, donde en las últimas décadas no han dejado de aparecer cadáveres de osos muertos por disparos y veneno a pesar del pequeño número de individuos con que cuenta, que durante varias décadas estuvo limitado a dos o tres decenas. La diferencia en el número de ejemplares muertos en este núcleo oriental -que cuenta con unos 50 ejemplares en la actualidad- es muy poco significativa respecto de los osos muertos en el vecino núcleo occidental, que mantenía una población de aproximadamente 280 ejemplares en 2018. Es verdaderamente escandaloso que Parques Naturales como este de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre-Montaña Palentina, sean a la vez Reservas Regionales de Caza, en donde la muerte de la fauna por diversión se prioriza sobre el uso conservacionista del mismo espacio físico. No hay palabras para explicar este sinsentido y debería sonrojar a la propia Consejería de Fomento y Medio Ambiente si tuvieran un mínimo de dignidad. Y ya que estamos con este asunto, no estaría demás que, al igual que a los cotos privados de caza se les sanciona con un número determinado de temporadas sin poder realizar actividades cinegéticas cuando en su interior se cometen delitos contra la fauna, como por ejemplo el uso del veneno, a las propias Reservas Regionales de Caza se les aplicara un protocolo similar cuando en su interior ocurren sucesos tan graves como el de Fuentes Carrionas.


Este espacio natural protegido se ha convertido desde hace muchas décadas en un territorio muy peligroso para el oso (y otros animales como el lobo), donde la caza por diversión y el furtivismo están realizando estragos en la reducida población osera del núcleo oriental. Cuando el ejemplar muerto es además una hembra, la gravedad se multiplica exponencialmente, representando un duro golpe para su recuperación. Y esto es así por la desproporcionada relación que existe en la subpoblación oriental entre machos y hembras. La sex ratio se inclina abrumadoramente a favor de los machos respecto del género opuesto. En las últimas temporadas se han venido reproduciendo del orden de seis osas en este núcleo, lo que representa un porcentaje muy pequeño con respecto del número de machos existente. Esto tiene dos consecuencias directas: en primer lugar el alto riesgo de infanticidio que emana de la gran densidad de machos dispuestos a aparearse con tan pocas hembras, derivando en un evidente menor éxito reproductor. Y en segundo lugar, dificulta la expansión de su área de distribución, impidiendo así la deseada conexión con la subpoblación occidental que evitaría los riesgos de la consanguinidad. Esto sucede por la marcada "filopatría" que presentan las hembras de esta especie, que hace que las osas jóvenes se queden en las proximidades de sus lugares de nacimiento una vez alcanzada la madurez sexual, provocando una gran lentitud en la ampliación de su área de distribución.


Pero no nos engañemos, el problema que la práctica de la caza acaba provocando en la población osera de la Cordillera Cantábrica y el furtivismo desaforado que encontramos en ambas vertientes montañosas, ocupadas por ya demasiadas Reservas Regionales de Caza (las de Fuentes Carrionas, Riaño y Mampodre en Castilla y León, y hasta 11 más en la vertiente asturiana que afectan a prácticamente la totalidad de la vertiente norte de la cordillera, casi sin interrupción) perjudica por igual a los dos núcleos oseros, como ya vimos en una entrada del blog publicada este verano y titulada "Osos: venenos, lazos y tiros". Nos encontramos ante un problema sistémico en la cordillera, donde caza y furtivismo están íntimamente ligados a esta magnífica espina dorsal, y en donde limitar la primera y luchar contra el segundo parece hoy en día un objetivo difícil de alcanzar.

Estas dos osas no serán los últimos ejemplares de oso pardo que morirán en nuestras montañas ante la desidia de nuestras administraciones, que se ponen de perfil ante un serio problema de conservación, como si las cuestión no fuera con ellos. Hoy por hoy, tocar la caza parece tarea imposible y perseguir el furtivismo una verdadera quimera.

ÚLTIMA HORA: cuando ya han pasado más de una semana desde que publiqué esta entrada, me hago eco del levantamiento del sumario decretado por la jueza que investiga la muerte del oso Cachou, para lamentar que el delito fue premeditado y estudiado con detenimiento. Este caso ha puesto de manifiesto la existencia hasta de un grupo de WhatsApp denominado Plataforma Antioso compuesta por un gran número de personajes (llegó a contar con casi 150 miembros), algunos de los cuales incluso tenían o habían tenido (como el detenido) cargos de responsabilidad en el Consell d'Arán que gobierna en El Valle de Arán, incluido el presunto cabecilla de la trama. Cachou fue envenenado con anticongelante presuntamente por un investigado que trabajaba como funcionario de Medio Ambiente, cuyas funciones eran precisamente el seguimiento de los osos, y que tenía por lo tanto acceso directo a la localización exacta de los animales radiomarcados. Incluso habría bravuconeado en alguna ocasión diciendo que lo envenenaría de esta manera.

Solo esperamos que todo el peso de la Ley recaiga sobre todos los responsables del envenenamiento y sobre sus encubridores.

27 de agosto de 2020

Osos: veneno, lazos y tiros


En los últimos 20 años han muerto envenenados 8 osos pardos cantábricos (Ursus arctos) en el núcleo occidental y 7 en el reducido núcleo oriental, que se suman a los 5 y 7 que respectivamente han caído allí víctimas del gatillo de los cazadores, más los 4 ejemplares muertos por los lazos de los furtivos en el primero de los núcleos mencionados. En total suman 17 bajas en el occidente de la Cordillera Cantábrica y 14 en el oriente. O podemos leerlo de otra manera: 15 osos envenenados, 12 abatidos a tiros y 4 muertos agónicamente en lazos en el área de distribución de la especie en la Cordillera Cantábrica. 31 plantígrados víctimas del furtivismo. Sin duda demasiados. 31 osos muertos (sin contar los heridos) por la acción premeditada de unos pocos delincuentes, ¡y encontrados!, porque esa es otra cuestión: encontrar en el medio de la montaña los restos de los ejemplares afectados por la acción de los furtivos resulta una verdadera quimera en las inabarcables extensiones de denso matorral y bosque que tapizan esta región. Encontrar una aguja en un pajar sería más sencillo.


Estas cifras son solo la punta del iceberg de un problema sistémico en nuestros campos: la persecución continuada que se realiza en ellos de los depredadores. Y es solo la punta del iceberg porque se hace evidente que el número de osos caídos en realidad es muy superior, puesto que no todos los que mueren en la fragosidad del monte son recuperados para su posterior autopsia. Es más, si nos centramos solo en las muertes por envenenamiento se calcula que en España se vienen a recuperar solo el 10% de los animales envenenados. Según un informe de WWF en los 25 años que dura el período entre 1992 y 2017, en España se recuperaron envenenados 21.260 animales, pero se estima que otros 185.000 no fueron encontrados. El uso del veneno en áreas oseras está vinculado de un modo directo a la persecución que en las áreas de montaña con ganadería extensiva y escasas medidas de vigilancia del ganado se viene haciendo contra el lobo, demostrando la incapacidad del sector ganadero de comprender que después de siglos de exterminio implacable matar lobos no es la solución, sino buscar medidas de protección del ganado (los lobos muertos dejan un espacio libre que ocuparán otros lobos, además de que la desestructuración de las manadas obligará a los supervivientes a atacar presas más sencillas de abatir, como lo es precisamente el ganado). La obsesiva persecución del cánido se ha demostrado ineficaz y contraproducente para acabar con el conflicto, pero sigue enquistada en el "modus operandi" del ganadero, muy lejos de admitir que la solución tiene que ir encaminada forzosamente a la protección y vigilancia del ganado, en vez de a la persecución del lobo. Fuera de las áreas montañosas el uso del veneno como método de eliminación de depredadores se vincula de manera directa a la gestión de la caza menor de los cotos de caza.


Al igual que con el veneno, la utilización de los lazos busca la eliminación de los depredadores que el furtivo piensa pueden afectar negativamente a su actividad cinegética. Es innecesario advertir que es otro método ilegal de caza no selectiva que puede afectar no solo a las especies objetivo de la misma (lobos, zorros, garduñas, ...) sino también a animales protegidos y en peligro de extinción (osos, linces, ...), así como domésticos, además de ser un método cruel ya que condena a la víctima a una muerte lenta y dolorosa. Intermitentemente algún oso acaba cayendo en estas trampas inhumanas y aunque no llegan a morir en el momento a veces huyen con el lazo en el cuerpo y con profundas e irreversibles heridas que terminan acabando con sus vidas. 


Así pues, se puede concluir que la persecución ilegal de depredadores mediante veneno, lazos y escopetas va asociada principalmente a las actividades cinegética y ganadera, y solo se puede entender si consideramos que las administraciones medioambientales, los cuerpos de seguridad del estado y la administración judicial no están haciendo las cosas bien para atajarla. Las primeras no adoptan medidas serias preventivas, disuasorias y de persecución y condena del furtivismo, y en muchos casos llegan incluso a servirse de él en la gestión de los cotos de caza y las Reservas Regionales de Caza como modo de control del demonizado lobo ibérico (así como de zorros, garduñas, meloncillos, gatos monteses, etc), que resulta ser más un clavo en el pie, que una especie a proteger. Es más, existe una vinculación obvia entre una parte terriblemente importante de los celadores de caza de estas reservas y la animadversión al gran depredador. La absoluta falta de transparencia y el oscurantismo en la gestión cinegética de las mismas facilita y propicia, cuando no encubre, el furtivismo. Siendo las Reservas Regionales de Caza espacios naturales de gestión pública tendrían que basar su dirección y administración en modelos sostenibles con el medio ambiente y no exclusivamente cinegéticos y económicos, que debían estar siempre supeditados a la conservación del entorno y al uso del espacio por el resto de ciudadanos no cazadores. Se les olvida a los gestores de las Reservas Regionales de Caza que el patrimonio natural donde ellos realizan su actividad venatoria es de titularidad pública, y el modelo de uso del entorno que utilicen siempre tendría que estar sujeto a la sostenibilidad de los ecosistemas. Perseguir son saña a los depredadores no es biológicamente sostenible, ni socialmente admisible. 


En cuanto a los cuerpos de seguridad del estado se hace evidente que faltan medios humanos y económicos, pero aparentemente también nos encontramos en España ante una posible falta de interés: el furtivismo es un tipo de "delincuencia menor" porque no afecta directamente a las personas o a su patrimonio personal, y parece no contar con el suficiente interés en su persecución, lo que se viene a sumar a la intrínseca dificultad de pillar a los furtivos en el momento de delinquir. En el núcleo oriental de la población osera cantábrica no se ha resuelto ni un solo caso de envenenamiento, por ejemplo, y la inmensa mayoría de los casos, no solo de muertes de osos o lobos, sino también de furtivismo sobre especies cinegéticas (cabra montés, corzo, ciervo, rebeco, jabalí), quedan impunes. El mensaje que tienen los furtivos es que el campo es ancho, no hay ojos en él y pueden hacer lo que deseen. Por si fuera poco, las guarderías de las reservas y de los propios cotos de caza persiguen y hostigan a los que nos movemos por el campo con los prismáticos colgados del cuello, evidenciando que los naturalistas somos una molestia en donde la gestión del espacio es cinegética. ¿Por qué será? ¿Será que no les interesa que haya ojos en el campo? Es simplemente indignante la hostilidad con la que muchos trabajadores de las reservas y, desde luego de los cotos, acosan al ciudadano no cazador, expulsándolos a menudo de lugares públicos sin más justificación que el "aquí mando yo y te digo que no puedes estar".


Finalmente en este cóctel explosivo, y por si todo esto fuera poco para darles alas a los furtivos, cuando alguno llega ante un juez las penas no son siempre lo que deberían y hay casos en las que, tras un enorme despliegue policial, las penas o no se ponen o no son lo suficientemente severas como para servir de aviso a navegantes, no se les disuade de seguir haciendo sus fechorías en el monte.


A incriminar a estos delincuentes no ayuda el silencio que encontramos entre las cerradas comunidades rurales. En los pequeños pueblos de montaña todo el mundo se conoce y de sobra se sabe quiénes son los furtivos, pero no se denuncia, bien por miedo a los enfrentamientos personales, o bien por la poca importancia que se le da a este tipo de delincuencia. En palabras de Fructuoso Pontigo, portavoz de la Coordinadora de Ecologistas Asturiasnos, para Diario.es " En Asturias hay una tolerancia indecente ante el furtivo. Las autoridades miran para otro lado y sus acciones en la mayoría de los casos quedan impunes. .../... Aquí todo el mundo sabe quiénes son los que practican el furtivismo pero se hace la vista gorda. .../...", y respecto de la propia comunidad rural dice que "Hay poca concienciación con este asunto, y temor a que se sepa quién es el denunciante". 


Aunque ya han pasado dos décadas desde la elaboración de la Estrategia para la Conservación del Oso Pardo Cantábrico redactada por la Comisión Nacional de Protección de la Naturaleza (CNPN 1999), siguen perfectamente vigentes los temores que en ella se expresaban, donde se podía leer que "Las causas de mortalidad de los osos cantábricos no son adecuadamente conocidas. La información disponible sobre osos muertos es deficiente en cuanto al número de casos conocidos sobre los estimados, a las características de los ejemplares afectados, a las causas finales que provocaron sus muertes, a su distribución espacial y temporal y a la relación con factores que contribuyen a generar riesgo." La realidad es que esto sigue siendo válido en nuestros días, bastantes años después. ¿Cuántos osos mueren en nuestros montañas cantábricas por la acción premeditada del hombre mediante el uso del veneno, los lados o los disparos? No podemos saberlo, pero intermitentemente siguen apareciendo ejemplares con mutilaciones o heridas, o incluso arrastrando lacerantes lazos aún cercenando una parte de su cuerpo. Nadie puede negar que este problema no es nuevo, viene de atrás, y lejos de remitir, parece repuntar. En el Boletín 42 de la Plataforma en Defensa de San Glorio se indicaba ya en 2007 en palabras de Francisco Purroy que "La Junta de Castilla y León autoriza batidas de caza al jabalí en pleno otoño, a pesar de ser contrario al plan de recuperación de la especie", y se podía seguir leyendo que "Para Purroy, una de las grandes amenazas para la población oriental de osos es el uso ilegal de venenos, "alarmante en Palencia", dice. Purroy valora el trabajo de la Junta en cuanto a sensibilización, sobre todo con escolares, pero suspende su gestión cinegética, que autoriza "batidas en áreas críticas de alimentación otoño-invernal". Javier Naves, por su parte, también apuntaba a la gestión cinegética en Castilla y León como "... una de las principales amenazas para la supervivencia del núcleo osero oriental" ya que "... se da prioridad al aprovechamiento económico a la conservación". Pues bien, en 2020 esto no parece haber cambiado.



25 de mayo de 2019

En los bosques del pito negro

El relincho aflautado del picamaderos negro, o pito negro, (Dryocopus martius) es para mí uno de los sonidos más misteriosos que se pueden escuchar en los montes cantábricos. Envuelve lo más profundo del bosque en una atmósfera sugerente e intrigante cuando robledales y hayedos se muestran más silenciosos, como si los tiempos arcaicos regresaran, como si un ser fantástico nos observara desde la distancia sin que nosotros pudiéramos advertirlo. ¿Qué extraño animal será el que reclama con aquel canto lastimero y enigmático desde algún rincón oscuro y perdido del bosque? A pesar de su gran tamaño, no es un ave sencilla de ver. Su repiqueteo o tamborileo en el tronco de algún árbol o su canto lejano serán, muy a menudo, la única prueba que tendremos de su presencia.


Este pícido es un ave con una amplísima área de distribución por gran parte de los bosques del Paleártico europeo y asiático, desde el norte de Europa y Rusia hasta la misma península de Kamtchatka o la isla japonesa de Hokkaido, ocupando áreas forestales más meridionales en China o Kazajistán. Existen algunos censos antiguos sobre la población de la especie en la Península Ibérica pero posiblemente estén anticuados, pues los últimos datan de hace dos décadas. Según ellos aparentemente solo se distribuye por la Cordillera Cantábrica, donde se localiza un número reducido de parejas de entre 280 y 320 (Sanz-Zuasti y Velasco, 1999), y por los Pirineos, en donde su número se estimó entre 731 y 1.082 parejas (Simal Ajo y Herrera Calva, 1998). Y digo aparentemente porque hay fuentes que apuntan a una presencia primaveral en sierras del centro peninsular, pero sin datos fidedignos actuales de posible reproducción.

Para su presencia es necesaria la existencia de bosques bien conservados de frondosas como el haya y el roble, o de coníferas como el abeto, el pino silvestre, el pino negro, etc. Los bosques mixtos de varias especies de árboles caducifolios, o de estos y coníferas, son igualmente seleccionados de manera positiva por el picamaderos. En la Cordillera Cantábrica ocupa masas caducifolias de haya y roble principalmente, ocasionalmente mezcladas con abedules. Parece demostrado que el principal factor limitante para la distribución de la especie es precisamente la alteración de su hábitat mediante la desaparición de estos bosques bien desarrollados, resultado directo de la gestión forestal productivista y cortoplacista a la que son sometidos. En ellos son sistemáticamente extraídos los pies más grandes, así como eliminados los viejos y muertos. No será necesario indicar que los árboles maduros son totalmente necesarios para su supervivencia como lugar de nidificación o refugio, mientras que los viejos lo son como lugares de alimentación ya que en ellos viven un buen número de los coleópteros e insectos que constituyen su dieta. Si nuestros bosques no ofrecen refugio ni puntos de alimentación, simplemente la especie desaparecerá. La habremos extinguido.


Desde por la mañana nos encontramos tres amigos apostados en una fuerte pendiente que nos posibilita situarnos a la misma altura que el nido de una pareja de picamaderos negro, encaramado a unos ocho o diez metros del suelo sobre el tronco recto y grueso de un árbol. Este crece en el fondo de una vallejada con una marcada sección en "V". El agua escurre por ella perfectamente encauzada ladera abajo, llenándolo todo con su música vivificante pero monótona. Nos acomodamos como podemos, intentando no resbalar demasiado por la empinada ladera y procurando que nuestros trípodes permanezcan bien anclados al suelo soportando los pesados equipos fotográficos y de vídeo. Nos movemos con mucha precaución, pues un simple descuido y cualquier objeto -o nosotros mismos- podría acabar bastantes metros más abajo, dentro del regato. Mejor no despistarse mucho.

Los polluelos a estas alturas de la primavera ya están creciditos y esperan pacientes a que alguno de los dos progenitores hagan acto de presencia, lo que tiene lugar en no demasiadas ocasiones a lo largo de la jornada. Entre ceba y ceba pueden pasar cuarenta y cinco minutos, o un hora, o incluso hora y media. De hecho, la hembra, fácilmente distinguible por presentar la mancha roja solo en la nuca, y como ya hiciera la primavera pasada, puede espaciar las cebas varias horas e incluso hacerlo solamente en las primeras y ultimas horas de cada jornada, a diferencia del macho que, con el píleo rojo hasta la base del mismo pico, se muestra más atento y diligente con sus tres polluelos. La nidada está formada por un macho y dos hembras, que ya dejan ver ocasionalmente las plumas de sus capirotes cuando trepan por el agujero del tronco y se asoman a reclamar su ración de hormigas o larvas de insectos xilófagos.



El macho es un viejo conocido de mis amigos, que vive en la zona desde hace varios años y se muestra bastante confiado; por el contrario, ella parece mostrarse algo más cauta. Sus comportamientos parecen muy diferentes, cada uno con su propio carácter. Entre tanto tienen a bien regresar con un nuevo aporte de alimento para sus retoños, nosotros charlamos animadamente de bichos e imágenes, de anécdotas y encuentros pasados, dejando pasar las horas y atentos a las entradas al nido, que se suceden con metódica periodicidad. Siempre es el mismo ritual: los vemos acercarse por nuestra derecha, volando entre la espesura de los árboles para dirigirse a algún árbol a cierta distancia del nido (30-40 m) desde el que comprobar que todo es normal por los alrededores, que no hay ningún peligro acechando; es entonces cuando nosotros también comprobamos que continúan en orden los ajustes de nuestras cámaras, que sus parámetros siguen actualizados a la cambiante luz de este día de primavera en el que las nubes van y vienen con celeridad, y nos preparamos para recibirlos a través del visor junto al agujero que han taladrado en el enorme y esbelto álamo ribereño. Llegan, distribuyen sus raciones entre los tres glotones que alborotan la puerta de la casa y después entran a recoger algo de basura y excrementos de los pequeñines y se van pitando a por más hormigas. Sin duda, tres bocas hambrientas creciendo como esas tienen que dar mucho trabajo.


Avanza la jornada y nuestro tiempo con los pitos negros va concluyendo. Los dejamos allí, formando parte del misterio de los bosques cantábricos. Nosotros regresamos con el recuerdo imborrable de una jornada completa con ellos.